Cuento 5: El susurro en la verja
El susurro en la verja
En un pueblo costero donde la niebla nunca se disipaba del todo, todos conocían la casa de los susurros. Nadie vivía allí desde que desapareció la familia Noriega hacía veinte años. Pero cada noche, justo a las 11:00, se oía un murmullo desde la verja de hierro oxidado.
Un lamento suave. A veces una risa. A veces un nombre.
Los ancianos del pueblo evitaban pasar siquiera por esa calle.
Los niños contaban historias de una sombra en la ventana.
Pero nadie se acercaba.
Hasta que Lucas llegó. Estudiante de periodismo, ambicioso y escéptico, vio en la leyenda una oportunidad para su blog de historias urbanas. Decidió investigarlo a fondo. Instaló micrófonos, cámaras nocturnas, sensores de movimiento y temperatura. Nada parecía captar el sonido.
Solo lo escuchaban quienes estaban frente a la verja… solos.
Una noche, armado con una linterna, una grabadora de voz y su cuaderno, se sentó a esperar.
A las 11:00 en punto, la niebla pareció espesarse de golpe. El aire se volvió más pesado. Y entonces, lo escuchó:
—Lucas… no entres…
Era su voz. Claramente suya. Susurrada con un tono que no reconoció como propio.
Pero ya era tarde. Sintió un frío en la nuca, la verja se abrió sola, y entró.
Nunca se le volvió a ver.
Una semana después, su cámara fue encontrada frente a la verja, cubierta de rocío.
El video terminaba con una imagen de Lucas mirando directamente al lente, como si alguien lo filmara desde dentro de la casa. Detrás de él, la figura borrosa de una niña tomándolo de la mano.
Y luego…
Un susurro, apenas audible:
—Ahora tú cuidas la puerta.
Desde entonces, la verja ya no se abre a las 11:00.
Se abre a distintas horas. A veces a las 2:13, a veces poco antes del amanecer.
Y los susurros han cambiado.
Dicen otros nombres.
Uno cada noche.
Y a veces… alguien responde.
—¿Qué pasa si contesto?, preguntó un joven curioso.
Nadie le respondió. Pero días después, se escuchó una nueva voz junto al susurro original:
—Lucas… no estás solo.
Ahora, algunos aseguran ver dos sombras detrás de la verja.
Una alta. Otra más pequeña.
Ambas… esperando.

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