Cuento 6: Los reflejos no mienten

Los reflejos no mienten

Emma siempre había sentido que los espejos tenían algo inquietante, pero no fue hasta los 27 años cuando empezó a notarlo realmente.
Primero fueron cosas pequeñas: se peinaba y, por un segundo, su reflejo parecía girar la cabeza un momento antes que ella. Parpadeaba… pero no al mismo tiempo.
Pensó que eran ilusiones ópticas. Cansancio. O tal vez los efectos secundarios del insomnio que arrastraba desde la adolescencia.

Hasta que una noche, ocurrió algo distinto.

Había regresado tarde del trabajo. La casa estaba en silencio. Fue al baño, se lavó la cara y apagó la luz.
Pero el espejo seguía encendido.
No la bombilla. El espejo.
Su reflejo aún estaba allí, en la penumbra. Moviéndose muy lentamente… como si supiera que no debía estar activo.

Encendió la luz de golpe.

Allí estaba ella.
Pero con el cabello peinado diferente. Una pequeña cicatriz en la mejilla que Emma no tenía.
Y una sonrisa helada, que no llegó a los ojos.

Estoy atrapada —dijo la imagen. Sus labios se movieron, pero Emma no habló.

Sintió que las piernas le temblaban. Tropezó, se golpeó el hombro contra la puerta y cayó. La luz parpadeó.
Lo último que vio antes de desmayarse fue a su reflejo acercándose al vidrio, como si quisiera salir.

Cuando despertó, estaba en su cama.
Todo parecía normal. O casi. Su gato la evitaba. Su voz sonaba… extraña. Ajena.
Pero su entorno no pareció notar el cambio. Ni sus padres al llamarla. Ni sus compañeros de trabajo.
Nadie.

Excepto los espejos.
Ahora sus reflejos la miraban fijamente, incluso cuando no se estaba mirando.
Y en los cristales más antiguos, podía ver algo más. Como una habitación oscura, detrás de su imagen. Con paredes húmedas. Sin ventanas.

A veces, por la noche, escuchaba una voz salir del espejo del pasillo:
Emma... ¿me escuchas? Tienes que sacar a la impostora.
No soy tú. Eres la que está atrapada. Abre el espejo. Ábrelo antes de que sea tarde.

Los días se volvieron pesadilla. ¿Cuál era la verdadera?
¿Y si el mundo que veía no era real? ¿Y si ella era la versión atrapada… y la otra había tomado su lugar?

Una madrugada, no pudo más. Corrió al baño con un martillo, dispuesta a romper todos los espejos de la casa.
Pero cuando levantó el brazo, su reflejo no la imitó.
Solo la miró. Sonrió.
Y dijo:
Tarde, Emma. Yo ya aprendí a vivir aquí.
solo… observa.

El espejo brilló.
Y desde entonces, Emma solo puede mirar desde el otro lado.
Observando cómo su otra versión vive su vida mejor que ella.

Nadie lo nota.
Pero si ves a Emma y tienes un mal presentimiento, mírate en el espejo más cercano.
Y asegúrate… de que seas quien está del lado correcto.


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